Cuando Oriente llegó a América 
Oriente no es una latitud geográfica y culturalmente lejana. Es una presencia viva en América Latina y el Caribe. Llegó en los baúles de los culíes chinos que en el siglo XIX reemplazaron a la mano de obra esclava de los negros y en las esperanzas de los que huían de revueltas políticas que los expulsaban de su tierra. Viajó más tarde con los japoneses y los coreanos. Las migraciones forman parte indisoluble de la historia de la humanidad y por esta razón Asia no se circunscribe al lugar que indican los mapas. Hoy se la encuentra también en la cocina de la mayor parte de los países de América Latina, en muchas de sus técnicas y especies agrícolas, en su producción técnica y científica, en la formación de sus profesionales, en su práctica deportiva y también en sus valores morales. La inserción no fue fácil. La de los chinos, por ejemplo, tuvo muchas veces características trágicas: un alto grado de mortandad y suicidios en masa fueron la consecuencia de las inhumanas condiciones de trabajo Este libro se refiere a los aportes de los asiáticos y sus descendientes y a ese complejo proceso de asimilación, rechazo y mestizaje que comenzó cuando Oriente llegó a América
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US$
26.98
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